El debate sobre la presencia y penetración del maoísmo, pensamiento Gonzalo, en la vida política nacional, se agudizará ante el fallecimiento del terrorista Abimael Guzmán, debido a la presencia de grupos políticos que idealizan este tipo de pensamiento, y que hoy se encuentran fortalecidos por décadas de una narrativa política que justifica estas acciones en el abandono del Estado de los sectores más pobres del país.
El porqué de esta situación se explica en la forma como se realizó el tránsito político en nuestro país desde la década del 90 del siglo pasado hasta el presente; para el año 2001, la Fuerza Armada y Policía Nacional derrotaron a Sendero Luminoso; sin embargo, desde ahí hacia delante, los políticos de turno, permitieron la construcción de una narrativa política que reemplazó “terrorismo” por “conflicto interno”, equiparando el accionar delictivo de algunos integrantes de estas instituciones tutelares, a una política de Estado e institucional, lo que determinó una persecución judicial que hasta el día de hoy no concluye.
Paradójicamente, ahora que una generación completa se ha formado bajo esta narrativa política, quienes no supieron defender en democracia lo ganado por la Fuerza Armada y Policía Nacional recurren a ellas pidiendo su intervención; pero ¿Porqué estas instituciones perseguidas y denostadas deben intervenir más allá de lo estrictamente legal?, preguntas válidas que se deben entender en su real dimensión; es decir, la lucha actual contra estas posiciones políticas no es militar ni mucho menos, es política, y ¡política de verdad!
Y referirnos a política de verdad, es referirnos a todo lo que no han hecho los partidos políticos existentes, que se han limitado a ser castas familiares o vientres de alquiler, y que en la mayoría de los casos han sido cómplices, con su voto o su silencio, de la situación que ahora vivimos.
La indignación ha llevado a muchos a organizarse en diversos grupos para actuar en contra del maoísmo, pensamiento Gonzalo, ¿pero es suficiente?; pensamos que no, su acción desunida impide que se conviertan en un actor real; para hacer política de verdad, primero, se debe crear una narrativa propia y real de los hechos ocurridos desde la década del 90 y, sobre todo de la propuesta de desarrollo futuro; esta narrativa tiene que ser difundida por todos los canales disponibles, para debatir en cada colegio, academia, universidad y calle, con los que defienden estos pensamientos retrógrados. Segundo, se debe convencer a los partidos políticos a formar una gran coalición con los nuevos actores políticos para defender la libertad personal y de mercado, la inversión y el desarrollo en las próximas elecciones regionales y locales; las cuales serán el verdadero campo de batalla; una derrota en estas elecciones, marcaría el fortalecimiento irreversible de quienes creen que la historia nos lleva hacia la formación de una patria socialista; la cual, como sabemos ha destruido los países donde se ha instalado.
