Mientras líderes internacionales cuestionan al Perú, el gobierno responde con improvisación y ausencia. No es un tema de imagen, es un tema de Seguridad Nacional.
Qué, en una misma semana, dos figuras internacionales como el presidente Petro de Colombia y Trump de Estados Unidos se expresen del Perú de forma negativa, es preocupante; pero que ello ocurra cuando la presidente de la república y varios de sus ministros se encuentran de viaje en el extranjero, es una falla tremenda de la capacidad de conducción geopolítica del país.
Señalamos esto, porque dirán que son situaciones diplomáticas imprevisibles por el carácter impulsivo y de confrontación que muestran ambos líderes, pero aquello no sería tan cierto; porque, la característica de un gobierno capaz en materia geopolítica es prever estos escenarios y estar preparado; para ello, cuentan con la cancillería y la Dirección Nacional de Inteligencia cómo órganos técnicos de asesoría, no recurrir a ellos o mal utilizarlos sería catastrófico.
Pero, lo cierto es que vivimos una degradación continua de las capacidades estratégicas y de gestión de nuestros políticos, lo que nos coloca en una situación alarmante, por su incapacidad o desinterés de valorar las recomendaciones que los equipos técnicos realizan; por ejemplo, el año 2017, el equipo técnico que elaboró el Plan Estratégico Sectorial del Sector Defensa (PESEM), identificó como amenazas del futuro la ocurrencia de una pandemia, la pérdida de la capacidad de control del orden interno de parte de la PNP y la ocurrencia de conflictos interestatales por crisis energética y/o escases severa de recurso hídricos en Sudamérica ¿Nos suena conocido?
La evidencia nos dice que los problemas que enfrentamos actualmente fueron diagnosticados hace mucho, ¿Cuánto hubieran cambiado las cosas?, si, por ejemplo, el gobierno del presidente Vizcarra hubiera estado preparado para afrontar la pandemia el año 2020 y el gobierno actual hubiera recuperado la capacidad operativa de la PNP; la respuesta es obvia.

En ese sentido, consideramos, como señala el teorema de Peter, que nuestra clase política ha llegado a su nivel de incompetencia, podrán ser buenos abogados defensores, agremiados hábiles en disputar la conducción de un colegio profesional, administradores de clubes departamentales o libre pensadores, pero de capacidad geopolítica y estratégica a nivel global nada y de gestión pública muy poco; la meritocracia se ha perdido y eso es crítico, porque nos coloca ante la realidad de ser gobernados por quienes entienden la política como la captura del poder y no como el camino para la construcción de desarrollo y gobernabilidad.
En este contexto, hacer declaraciones desde el extranjero o viajar a la selva a tomarse la fotografía en el trapecio amazónico puede ser tan inútil como los intentos de paz de Chamberlain con Hitler si el gobierno no deja la improvisación y adopta una estrategia geopolítica clara y concreta sobre cómo aprovechar los interés políticos y económicos de Estados Unidos y China en la región y recupera de una vez la capacidad disuasiva de nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional, tanto frente al enemigo interno como externo.
De igual forma, en el plano empresarial, siendo incierto el futuro político del país, la necesidad de incorporar el análisis geopolítico en su toma de decisiones es casi una obligación, formarse la confianza por sí sola no basta, hay que estar preparados para cualquier escenario e invertir mucho en resiliencia operativa.
A nivel político, no necesitamos muchos discursos, necesitamos recuperar la meritocracia y evitar que la mediocridad se perpetúe.
No olvidemos, la falta de capacidad geopolítica no solo cuesta dinero, cuesta vidas.
