En un contexto de desconfianza y desinterés electoral, la opción de pasar a la segunda vuelta electoral sigue intacta para varios candidatos presidenciales; por el futuro del país, deseamos que haya un estadista entre ellos.
En 1997 se publicó la obra de Carlos Matus “El líder sin Estado Mayor” (1997), de ella extraemos una frase que encaja en la actual realidad peruana: “En los períodos de crisis naufragan los dirigentes y se hace evidente la carencia de liderazgo político. Entonces se envalentonan los intelectuales y los cabecillas multiplican sus aspiraciones.
En las últimas dos décadas los liderazgos políticos se diluyeron rápidamente; desde el año 2001, ningún partido político que ganó las elecciones generales subsistió posteriormente como fuerza política, tanto por que sus líderes se vieron rodeados de múltiples denuncias de corrupción, como por la ausencia de un trabajo político serio de parte de las organizaciones políticas que los acogieron en el proceso electoral.
En este contexto se inician las elecciones generales 2021, con una profunda desconfianza social, producto de la percepción de corrupción que existe a todo nivel y la evidente ineficiencia de la administración pública para atender las necesidades publicas; lo que explica que, a 69 días de la primera vuelta electoral, entre el 30% al 50% de la población manifiesta que no sabe por quién votar o que no votará, según lo publicado por las principales empresas encuestadoras.
Aquí se genera la encrucijada de los comandos de campaña, la ausencia de liderazgos políticos ha generado que intelectuales y cabecillas – según la definición de Matus – se presenten a la elección presidencial, varios de ellos, sin respaldo político real o propuestas políticas serias; lo que implica que varios de estos comandos deberán tomar decisiones morales importantes, al tratar de transformar a sus candidatos en hombres de Estado; en un momento, donde la probabilidad de llegar a la segunda vuelta electoral se mantiene vigente para al menos siete candidaturas presidenciales sin contar la posibilidad de un outsider.
Los comandos de campaña deben tener claro que una campaña sin estrategia es como un cerebro sin ideas, les corresponde establecer los lineamientos que los llevará a pasar a la segunda vuelta electoral; para lo cual, según proyecciones propias, deberán lograr un mínimo de 15% del voto válido a nivel nacional; con esta finalidad, presentamos algunos criterios que consideramos necesarios considerar en el último tramo de la campaña electoral:
- El candidato con mejor opción será el que hable claro y concreto a la población, ni el verbo, ni los títulos, ni el tecnicismo serán definidores; la gente no vota por los tibios.
- El candidato con mejor opción será el que cometa la menor cantidad de errores, sea por acción propia o de integrantes de su equipo, pero eso no significa que se mantenga callado.
- El candidato no es el estratega, él tiene que estar 100% de su tiempo en campaña, sea en tierra o en forma virtual, la población lo tiene que sentir presente.
- La campaña tiene que tener una personalidad propia, debe lograr posicionar uno o dos eslóganes fuertes para lograr recordación.
- No es lo mismo mensaje político que propaganda política, el primero gana voluntades; el segundo, sin mensaje se pierde en la calle.
- No es lo mismo mensaje político que propuestas de gobierno; lo primero gana voluntades, lo segundo debe ser entendible pero no siempre decide el voto.
- Las campañas del candidato y del partido deben ir al mismo ritmo; lo contrario denota que el partido funciona como vientre de alquiler.
- La campaña en redes sociales, no significa inundar la red de spot, videos y publicaciones en general; significa producir material que produzca interés y diálogo; lo importante es responder y mantener el diálogo en redes con los votantes.
- Las campañas congresales no son independientes a la campaña presidencial; ambos candidatos deben entender que necesitan trabajar unidos para crear una red fuerte de difusión.
- La campaña de selección y capacitación de personeros es un elemento clave para el trabajo político, no puede estar aislada de la estrategia de campaña.
Estas ideas propias de la estrategia política, chocan siempre con el perfil del candidato, como señalaba Carlos Matus, el líder siempre está rodeado de tres grupos de personas: 1) el círculo íntimo, formado por la familia y los amigos más cercanos, 2) los técnicos (lo que Matus llama los asesores departamentalizados o tecnócratas y los tecno políticos) y 3) los arribistas (aquellos que no les importa si ayudan o no al líder sino mantener una cuota de poder); ¿A quién hacer caso?, señala Matus que “en el líder común tiende a triunfar el soporte cálido del círculo íntimo o la recomendación unidimensional del tecnócrata; en el estadista, en cambio, triunfa con mayor frecuencia el cálculo frío del razonamiento tecno político”.
¡Cuanta falta le hace al país un estadista! deseemos que más allá de la obligación democrática de elegir un gobierno, está vez, la mayoría de nosotros elijamos un estadista y no el mal menor.
Depende de nosotros.
