El periodista Mario Ghibellini ha publicado un artículo en el diario El Comercio llamado “el motín de los abuelos”, donde descalifica a Hernando de Soto por querer participar en el proceso electoral, solo por una cuestión de edad, luego del preocupante papel de Joe Biden en el debate electoral contra Donald Trumpt que llevó finalmente a su renuncia a la candidatura presidencial norteamericana.
Esto ha acelerado una suerte de cacería en contra de los personajes políticos que exhiben mayor edad, hablando despreciativamente de ellos, como si pasados los 80 años una persona tuviera que recibir un certificado de caducidad a su vida profesional. Claramente, esto no es solo una discriminación, sino que además muestra un desconocimiento total al hecho que, la esperanza de vida y vida productiva se viene extendiendo sostenidamente en los últimos 30 años.
La edad es una cuestión de forma y no de fondo, lo que importa son las ideas, el equipo, las propuestas y el liderazgo que tiene el candidato. Hubo presidentes jóvenes que llevaron al país al desastre como Alan García, que 20 años después, en su segundo gobierno presentaron mejores indicadores gracias a la experiencia ganada por los años.
El Perú necesita experiencia e inteligencia
Hoy por hoy, el Perú necesita experiencia, inteligencia, preparación y empatía con el pueblo, entonces, hablar de un “motín de los abuelos” no solo es hablar de forma despreciativa de algunas personas de cierta edad, sino que es intentar meter en el mismo saco e igualar las trayectorias profesionales y de vida de Alberto Fujimori y Hernando de Soto, minando el camino de unos para favorecer a otros.
Hernando de Soto nos demuestra que la experiencia y las ideas frescas no son excluyentes. Su trayectoria profesional y reputación mundial como economista, ha demostrado una capacidad excepcional para desarrollar y aplicar políticas que promueven el desarrollo económico.
Más que un obstáculo, su edad constituye una ventaja que le permite aportar desde una perspectiva única y fundamentada como afrontar los desafíos del país.
Una cosa es que una dolencia física o enfermedad afecte la capacidad de acción de una persona en cualquier edad y otra distinta es que sea un factor que lo descalifique a un a cargo público.
El hecho de plantear esta tesis no sólo discrimina a cientos de miles de personas mayores de 80 años que se sienten productivas y en capacidad de aportar, sino que desconoce nuestra historia, donde personajes como Luis Alberto Sánchez o Javier Pérez de Cuellar brindaron su conocimiento y esfuerzo a lo largo de toda su vida o ejemplos como los de Winston Churchill y konrad Adenauer, que condujeron sus países durante las peores crisis.
No nos dejemos llevar por la forma sino por el fondo; las campañas políticas sacan lo peor de algunas personas y nos trae la hipocresía como su carta de presentación. Yo, prefiero una persona con años de edad y experiencia, citado en las mejores universidades del mundo por sacar a los países de la pobreza que, a personas que solo pueden exhibir condenas judiciales o resultados desastrosos de gestión.
Dejemos los odios de lado, el Perú necesita a sus mejores hijos para recuperar la senda perdida.
