Existe un evidente conflicto de interés en el ejercicio del poder de un gobierno investigado por corrupción y que, a la vez, cambia funcionarios policiales para no ser investigado; solo el silencio cómplice permitirá que esta situación continúe. PEDRO CASTILLO
¡Separemos la paja del trigo!, es una cita que adquiere la mayor relevancia, en momentos en que el aparato público y social se viene afectando por una miasma que se va apoderando del país.
Esta miasma que viene corroyendo la vida nacional, es el silencio cómplice de los buenos funcionarios, frente al evidente conflicto de interés que existe entre el ejercicio del cargo de presidente de la República y la calidad de Investigado en diversas causas penales de parte del Pedro Castillo Terrones; conflicto de interés definido en el artículo 6º de la Ley N.º 31227.
El conflicto de interés es real, por cuanto, al destituir, al Comandante General de la Policía y nombrar como Inspector de la Policía, a un general paisano, haciendo uso de su rol como Jefe Supremo de las FF. AA. y PNP; está realizando una acción directa atendiendo a su interés personal y no un interés público; por cuanto; a la vez, solicita que se sancione al Oficial que justamente lo está investigando.
¿Dónde está la Contraloría General de la República?, que está obligada a procesar y sancionar las conductas que constituyen responsabilidad administrativa y cuyas sanciones van de la suspensión hasta la inhabilitación de uno (1) a cinco (5) años; queda claro que, en el presente caso, Pedro Castillo ha incurrido en una conducta sancionable que al ser el primer funcionario público debe dar lugar a la mayor sanción posible.
Siendo evidente el conflicto de interés, el silencio cómplice de los ministros de Estado es tan perjudicial como la complicidad directa; cada uno tiene que evaluar su rol y participación en lo que está sucediendo; muchos olvidan que en todos los ministerios se retiraron los cuadros de los ministros de la década del 90, porque representaban la corrupción de dicho periodo; probablemente ese sea el destino de varios que hoy fungen de escuderos.
Donde es más evidente el silencio cómplice o complicidad es en el Congreso de la República; su demora en actuar agrava la situación política; porque brinda un falso sentido de estabilidad que en realidad nos desangra y divide, y que, día a día, agrava el conflicto de interés de un gobierno investigado que no desea ser investigado, ¿dónde este la moral de los congresistas?, parece que la misma se reduce a la mensualidad.
En toda la administración pública, la miasma del silencio cómplice parece extenderse y consolidarse; es una situación crítica y caótica la que vivimos, pero es hora de separar la paja del trigo; quienes realmente están en contra de lo que sucede, debe renunciar o abstenerse de cumplir disposiciones evidentemente sujetas a conflicto de interés.
Desde la sociedad, ya no basta indignarse y resistir, hay que actuar, política y legalmente para que este suplicio concluya; pero eso sí, debemos preocuparnos de construir nuevos partidos que eviten que el futuro sea peor que el presente.
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