La contradicción en las acciones políticas permite que se fortalezca el discurso radical en el país. Organizarse políticamente es una necesidad para rescatar el futuro.
La acción política del gobierno y la oposición en las últimas tres semanas nos coloca en una situación de incertidumbre y sobresalto social que afecta directamente las opciones de desarrollo presente y futuro del país.
Por un lado, el gobierno trata de negar su ideología marxista leninista, pero llena la administración pública con ministros y funcionarios de antecedentes cuestionables que insultan a las Fuerzas Armadas y se dedica a organizar un partido político sin mostrar su verdadera intención; por otro lado, las fuerzas políticas en el Congreso de la República, que se reclaman opositoras, no son claras en su posición frente al gabinete Bellido, y quienes se irrogan la representación de la oposición política en las calles desplegando banderas de transparencia y democracia, representan ellos mismos, gran parte de los males que cuestionamos del pasado.
Estas contradicciones no hacen más que profundizar la incertidumbre social, toda vez que mientras ellas se mantienen, en los hechos se estabiliza entre nosotros un discurso político radical que maximiza las contradicciones étnicas/raciales de nuestra sociedad como justificación para implementar una serie de cambios políticos económicos que poco a poco van minando nuestra capacidad de crecimiento, lo que afecta a la gran mayoría de ciudadanos y empresas que viven de su trabajo y sus ventas, las cuales para no caer en inanición se ven obligados a adaptarse y convivir con el nuevo modelo político económico.
En este contexto, el reto es evitar caer en la desidia y desesperanza que acepta el discurso radical como un hecho consumado, para lo cual la única fórmula viable es hacer verdadera política, aquella que nace de nuevos liderazgos con capacidad de construir partido político y militancia, de identificar los reales problemas sociales y proponer soluciones, de construir canales de comunicación directos con la sociedad para presentar una visión de corto, mediano y largo plazo que permita unir a la nación peruana, y comenzar a debatir con el radicalismo en cada barrio, cada aula, cada medio noticioso, sobre el éxito y el fracaso de cada una de sus políticas.
Pero una condición adicional debe darse en esta lucha, la jubilación política del fujimorismo y los caviares que durante los últimos veinte años se enfrentaron como dos tribus políticas que, en sus odios y rencores, no sólo destrozaron institucionalmente al país, sino que propiciaron el ascenso al poder del opositor más silencioso y peligroso de todos, la izquierda radical.
El camino para recuperar la senda de desarrollo será duro, pero la convicción e involucramiento de todos logrará el éxito al final de la jornada.
Cerremos nuestras diferencias y peleemos por el futuro.

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