La declaración de emergencia dictada por el gobierno en la última semana ha traído a la luz, el principal problema que agobia a toda nuestra sociedad, una delincuencia persistente, que se envalentona y se hace más agresiva día a día, pero, sobre todo, ha expuesto las deficiencias y vacíos institucionales para enfrentarla.
Sobre la gravedad de la situación, los datos no engañan, considerando las estadísticas de la Política Nacional Multisectorial de Seguridad Ciudadana, y los indicadores del INEI sobre las tasas de delitos y no denuncia a nivel nacional; se estima que en lo que va del año, 8 millones de habitantes han sufrido algún tipo de delito a nivel nacional, siendo que, de ellos, 800 mil de estos delitos sucedieron en Lima Metropolitana.
Los primeros días del Estado de Emergencia han demostrado los vacíos institucionales para enfrentar la delincuencia; por un lado, la presencia del sector defensa ha sido casi invisible, y la policía ha manifestado su carencia de equipos para el patrullaje; así como, más de una voz interna ha señalado que la labor de planeamiento operativo ha sido improvisada.

En ese sentido, preocupa escuchar al ministro del interior informar que la Policía Nacional logró incautar siete armas de fuego y seis armas blancas como el gran logro del estado de emergencia, y observar que el mayor trabajo del ministro de defensa es asistir a una ceremonia protocolar, mientras demanda la inconstitucionalidad de una ley que favorece al servicio militar, porque todo ello pone en seria duda, si los líderes de ambos sectores, entes rectores de las políticas de seguridad, desconocen la magnitud del problema, o simplemente menosprecian la capacidad de entendimiento de la población.
El menosprecio que manifiestan estas autoridades se expresa en una soberbia absoluta para escuchar otras propuestas sobre cómo enfrentar el problema de la inseguridad ciudadana; mientras que los técnicos y analistas en la materia señalan que el problema es de seguridad nacional, ya no es solo policial y que deben fortalecerse las acciones de inteligencia e investigación criminal; el ministerio de interior insiste en seguir con su proyecto de crear un cuerpo de policía paralelo y adquirir vehículos; y el ministerio de defensa no pone a disposición todo su potencial para enfrentarla.
La preocupación es que va a pasar dentro de 60 días; ¿se derrotará a la delincuencia?; creemos que no, la delincuencia continuará, y en algunos casos habrá ganado en confianza por la debilidad que muestran los entes rectores; esa realidad debe llevar a reflexión a la presidencia de la república; la ausencia de liderazgo en ambos ministerios es una carga que la sociedad no merece.
Señora Presidente, ¡cambie de ministros ya!
